miércoles, 14 de noviembre de 2012

El pueblo está precioso, después de dos semanas de fina lluvia han brotado matojos y musgo en los adoquines de Emilio Castelar. Sólo es apreciable el ángulo perfecto de luz de poniente que baja desde el campanario si te colocas en medio de la calzada. O sea, en coche. Hay un señor podando los árboles del parque, es otoño, el mundo está loco.

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